Migración colombiana, proceso de paz y derechos sociales, políticos y económicos

CdPueblos Noticias marzo 17, 2013

Migrantes colombianxs como sujetos políticos colectivos.

Sabás
Yo vi a Sabás, el negro sin veneno,
pedir su pan de puerta en puerta.
¿Por qué, Sabás, la mano abierta?
(Este Sabás es un negro bueno.)
Aunque te den el pan, el pan es poco,
y menos ese pan de puerta en puerta.
Nicolás Guillen, Cuba

La migración colombiana tiene una fuerte tradición asociativa que hace que permanentemente esté organizando actividades culturales, políticas, de solidaridad y apoyo, a proyectos de comunidades y colectivos que siguen trabajando, resistiendo y promoviendo propuestas para mejorar sus condiciones de vida en Colombia o en los países donde residen. Estas actividades, útiles para mantener los vínculos con nuestras raíces y para conservar las señas de identidad en el exterior, pueden y deben ser puestas al servicio de la búsqueda de la paz y de la solución política al conflicto.

Organizarnos, trabajar por la búsqueda de la paz en Colombia y convertirnos en interlocutores ante el Estado colombiano y ante los gobiernos de los países de residencia, permitiría en la práctica que los colombianos en el exterior se conviertan en sujetos políticos colectivos de ese proceso, que debe conducir a crear condiciones para que se resuelvan no solo el conflicto armado sino las causas estructurales del mismo mejorando así la calidad de vida de la población.

Ser sujetos políticos colectivos significa luchar por conseguir que se nos reconozcan derechos fundamentales para poder adquirir así una ciudadanía política, social y económica, tanto en Colombia como en el exterior, y con ella alcanzar derechos sociales como la educación, la salud, el trabajo y la libre movilización, esenciales todos ellos para tener una vida digna.

No puede seguir siendo válido que, en el caso de la migración en general, las políticas legislativas contemplen únicamente la acción policial y la represión, y que, las normas y leyes que se nos aplican en estos países, se hagan – casi siempre- en función de las necesidades económicas de las sociedades de acogida y no para proteger o promover los derechos de los trabajadores y de las personas migrantes.

Las migraciones en la mayoría de los casos no son voluntarias; ellas son forzadas por las elites locales en complicidad con las multinacionales, los Estados, las agencias multilaterales y toda una serie de instituciones que tienen intereses económicos y de control geoestratégico de las regiones. Actualmente en estos países las políticas y las leyes orientadas hacia los migrantes se remiten a aspectos ligados a la regulación de permisos,  de trabajo o de estadía, al control de las fronteras y puertos, o a la penalización de los mismos, sin tener en cuenta la responsabilidad que los países del norte y sus agencias tienen como causantes de la pobreza y la violencia en los países del sur y su influencia como factor generador de migración.

En esas políticas y leyes se prefigura a los y las migrantes como recipientes pasivos, o como objetos de usar y tirar, y no como a personas y a actores sociales y políticos con derecho a decidir y a gozar de su libertad. La migración está supeditada a intereses que sólo buscan que sea rentable, legal o ilegalmente, y alcancen una “empleabilidad” en el mercado aunque eso signifique negarles su condición humana,  su libertad a decidir y les obligue a subordinarse, a vivir en la incertidumbre y el miedo y a cumplir con obligaciones que en muchos casos los estigmatizan y atentan contra su dignidad.

Para resolver los problemas de los migrantes no es suficiente con actos de caridad o con  verter gotas de humanitarismo en la globalización capitalista que empobrece a los pueblos y genera violencia. Es necesario que los Estados del norte industrializado, que a través de sus políticas exteriores impulsan y defienden  los intereses de sus multinacionales, asuman la responsabilidad que tienen en el fenómeno de la migración. La mayoría de las personas del sur estamos en estas tierras porque en complicidad con las elites locales los Estados, sus agencias y las multinacionales nos forzaron a partir.

Considerar a los y las migrantes como actores sociales y como sujetos políticos exige que se tengan en cuenta sus recursos y sus lógicas; que se establezcan, con su participación, los obstáculos a superar y se elaboren respuestas a problemas que van evolucionando según los contextos y las épocas.

Como migrantes colombianos concretar esta opción nos coloca ante un doble desafío frente a la sociedad receptora y a la de nuestro propio país y exige demandar derechos tanto colectivos como individuales ante la una y la otra. Alcanzar esos propósitos solo será posible si hay un proceso organizativo liderado por los mismos migrantes, desde la condición de seres humanos – frecuentemente negada – y de ciudadanos, con obligaciones pero también con derechos.

Esos derechos deben ampliarse además a aquellos aspectos del derecho administrativo, social, de la participación en política, que condicionan la forma como vivimos, trabajamos y nos movilizamos en estos países. Es importante que se nos reconozca  como personas y como trabajadores que aportamos a estas sociedades porque generamos riquezas, aportamos diversidad cultural, formas de convivencia y saberes de diferente tipo.

Hay que trabajar para que esos aspectos, ligados al respeto a los derechos humanos en su acepción integral, hagan parte de convenciones y acuerdos bilaterales y multilaterales. Por el carácter multidimensional de la migración temas como la seguridad social o el retorno voluntario, deben abarcarse  en un marco transnacional que vaya más allá del país en que nos encontremos y que además de otorgar derechos prorrogables en el tiempo, frene la precariedad y subsane los vacíos legales, a diferentes niveles, a los que se ven frecuentemente sometidos los migrantes.

No es justo, por ejemplo, que la carencia de convenios entre los países tenga como consecuencia que una persona  después de haber trabajado años en un país,  y de haber aportado a esa sociedad, sea discriminada por su origen, nacionalidad o pasaporte  y se le reduzcan los derechos a la seguridad social o los pierda, como pasa ahora con las pensiones de jubilación o de invalidez. Este problema, común también a la mayoría de las personas originarias de  los países del sur, constituye una violación a nuestros derechos fundamentales porque nos penaliza por el solo hecho de tratar de retornar a nuestros orígenes.

Para la solución de estos casos concretos, la expansión del derecho administrativo, de los derechos sociales y civiles, se requiere del establecimiento y del cumplimiento de los múltiples convenios y acuerdos bilaterales o multilaterales que reconocen el derecho a la seguridad social como uno de los derechos humanos fundamentales. Se  trata de acercar las políticas migratorias a los hechos que la provocan y a sus consecuencias, pero también de tener una visión que permita que se beneficien todas y todos los involucrados tanto en la sociedad de partida como en la de acogida.

Como sujetos políticos activos, el actual proceso de paz es una buena oportunidad para iniciar este proceso de reflexión y de lucha. Las y los migrantes debemos unir nuestros esfuerzos a las personas y organizaciones que en Colombia y fuera de ella, están trabajando el tema, de tal manera que podamos participar de manera autónoma y con voz propia, partiendo de nuestras realidades, en esa dinámica que nos debe llevar a transformar el país y sus relaciones con otros Estados. Construir una Colombia en paz con justicia social no debe ser solamente un anhelo sino también nuestra responsabilidad y para alcanzarlos uniremos nuestras luchas a otras luchas, invitando a las diferentes organizaciones y personas a que sean solidarios con estos propósitos que nos hemos trazado.

Sabás
Coge tu pan, pero no lo pidas;
coge tu luz, coge tu esperanza cierta
como a un caballo por las bridas.
aunque te den el pan, el pan es poco,
y menos ese pan de puerta en puerta.
¡Caramba, Sabás, no seas tan loco!
¡Sabás, no seas tan bruto,
ni tan bueno!
Nicolás Guillen, Cuba

 

Comité coordinador de “Encuentros por la paz de Colombia” en Suiza