Preámbulo agenda de país para la paz

CdPueblos Justicia y Paz abril 20, 2013

 

Congreso para la paz

Pueblos construyendo paz para la vida digna

Queremos transitar por la cultura de la vida 

 

¿Hasta cuándo vamos a permitir que el mundo sea gobernado por la codicia y la arrogancia? ¿Hasta cuándo seguiremos adoctrinados en la ideología del mercado y en que su dios el capital salvará a la humanidad de inevitables desastres? La vida no puede estar en manos de los calculadores de la ganancia. Se requiere con urgencia otra ética, otras formas de vivir y de convivir, necesitamos liberar la imaginación para re-crear las sociedades.

 

 

No es necesario hacer un estudio minucioso sobre la crisis que vive el mundo. Los desastres ecológicos, el empobrecimiento material y espiritual, las hambrunas y las guerras lo dicen todo: es la vida la que está en peligro. La esencia de los conflictos sociales, económicos y políticos la constituye la inequidad que el sistema de privilegios ha producido. Por tal razón, nuestro marco para pensar la superación de estos conflictos no es parcial ni coyuntural, porque parte del carácter de la vida misma y de la dimensión de sus relaciones sociales, ambientales y culturales.

 

Hemos aceptado ese llamado urgente de la Madre Tierra y de la humanidad, por eso desde hace años nos hemos convocado en el Congreso de los Pueblos a partir de las siguientes visiones, nuestras visiones:

 

  • – La larga y profunda crisis mundial que vivimos demuestra por sí sola la inviabilidad del capitalismo como modelo de vida. Un nuevo pensamiento y un nuevoordenamiento que restablezca el equilibrio social y natural del planeta son necesarios, urgentes y posibles. 
  • – Los poderes hegemónicos que se han asentado históricamente en Colombia, se niegan sistemática y violentamente a atender la necesidad de replantear el orden impuesto. No podemos seguir esperando que gobiernos de empresas y terratenientes nos garanticen vivir con dignidad. Vamos a hacer el país con nuestras propias ideas y con nuestras propias manos, por eso hablamos de legislación popular y de construcción de mandatos. El sentido de nuestra acción en este momento histórico, apunta a laconstrucción de una nueva forma de vida para una nueva sociedad, pasando de la exigencia de los derechos a su materialización. 
  • – Desde las vivencias ancestrales y desde las históricas luchas de resistencias del pueblo, recuperamos el paradigma de lo comunitario como visión-acción de un nuevo proyecto social: el Buen Vivir, donde la dignidad humana y los derechos de la naturaleza, imperan en todos los ámbitos de nuestros tejidos sociales, sin discriminaciones, sin autoritarismos y sin la instrumentalización de todas las relaciones vitales. La vida no se desecha, ni se jerarquiza, ni se negocia. 
  • – Es imprescindible que avancemos hacia un país con vida digna, fortaleciendo nuestras  

concepciones y prácticas comunitarias. El desarrollismo y el consumismo en su dinámica imperial han quebrantado en diferentes tiempos y de diferentes maneras nuestra integración como pueblos y como nación. Se trata ahora de recuperar el sentido de la comunidad y la territorialidad sustentada en la diversidad cultural, pero también en la necesidad de la autodeterminación de nuestro presente y futuro, donde por fin se recreen todas nuestras mitologías, nuestras maneras de sentir y vivir el mundo.

 

Han tratado de imponernos la idea de una sola manera de vivir, de un sólo dios, de un lenguaje, de una cultura, de un género, de un solo Estado, en contraposición de nuestras realidades históricas. Mediante el Estado monocultural y dependiente han querido someternos a la dominación, la dependencia, la marginalidad y la humillación. Sin embargo, la resistencia y la construcción han frustrado sus intenciones una y otra vez.

 

Hoy necesitamos un modelo político que refleje en su institucionalidad la diversidad de territorios y culturas que somos: una nación plural; donde los derechos y la justicia sean ejercidos de manera colectiva, y donde la naturaleza sea un sujeto de derechos y no una mercancía. Debemos armonizar lo regional con lo nacional y con lo internacional, como ámbitos de complementariedad y solidaridad. Es urgente equilibrar las distintas formas de agrupar sentimientos y conciencias, tanto en lo social como en lo político, en un sistema integral de participación y decisiones de futuro; un Estado al servicio de las mayorías y que defienda el patrimonio público, una verdadera democracia que integre sabiamente el reconocimiento de las minorías en el consenso de las mayorías.

 

En este continente, Colombia es el país que tiene los más altos niveles de concentración de la riqueza e inequidad, de donde se deriva una alta monopolización de la toma de decisiones. De hecho, hemos soportado uno de los regímenes políticos más autoritarios y violentos, especialmente en los últimos 65 años, desde aquel renombrado día del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán.

 

A través de la historia la economía de la acumulación, ha sido presentada como modelo de vida, con títulos de progreso, modernidad, desarrollo y prosperidad; pese a ello, está probada la exclusión y la degradación del ser humano y de la naturaleza, que ese sistema produce. Una sociedad que tiene como principio de sobrevivencia el usufructo del trabajo de otros, es imposible que tenga una ética de vida. Todas sus relaciones están determinadas por la corrupción, el engaño y la violencia. Cambiar estas lógicas, implica pasar de una economía de la acumulación, a una economía de la distribución y la igualdad.

 

A través de los años, los acuerdos que hemos hecho con los gobiernos han sido incumplidos, traicionados, tergiversados, rotos e irrespetados; de la misma forma, nuestros derechos han sido sistemáticamente violados y desconocidos. Como un ejercicio de memoria que fortalezca y fundamente nuestras luchas, tenemos que dar cuenta de esa historia y de la manera como se han desconocido nuestros intereses.

 

En medio de tal panorama, los pueblos hemos construido diversas experiencias de paz, a través de la lucha, la resistencia y la confrontación, construyendo territorio, democracia directa y deliberativa, convivencia en la diversidad, justicia comunitaria, soberanía alimentaria, educación propia y popular, salud espiritual y corporal, economía distributiva: hablamos de los Planes de vida, en donde integramos todos estos procesos comunitarios para el Buen Vivir en nuestros territorios, cuidando la tierra y construyendo poder en las comunidades urbanas y rurales. Nuestros Planes de Vida orientan nuestros gobiernos propios y alternativos.

 

Estas experiencias tienen trazos y huellas de hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas nacidos en medio de las realidades territoriales del país y con el color de los múltiples pensamientos emancipadores. Por ello hoy decimos que: ¡Estamos resueltos a convertirnos en parte activa y permanente de la construcción de paz!

 

En este momento de agudización de la guerra, la paz constituye una de las más urgentes aspiraciones democráticas de diversos sectores sociales en Colombia. Discutir, construir y luchar por la paz en Colombia implica un diálogo democrático a muchas voces: las comunidades, las organizaciones políticas y sociales, las insurgencias, el Estado, los poderes económicos, las iglesias, la comunidad internacional, los pueblos del mundo y todos aquellos con real voluntad en el tema.

 

Hoy estamos aquí en este momento crucial, convocados por las acciones de paz que hemos construido históricamente, animados por la realización de nuestros planes de vida, la armonía y la dignidad, y acompañados por la fuerza ancestral y milenaria de los hombres y mujeres de nuestra tierra, para avanzar en la construcción de una propuesta de Paz incluyente, participativa, diversa, integral, profunda y transformadora.

 

Estamos aquí jalonando la participación protagónica de los sectores sociales y populares en su conjunto, en el entendido de que la paz es un derecho de los pueblos; que la paz se hace desde la acción y los imaginarios de superación de los conflictos, desde las regiones, con perspectiva de país. La construcción de la paz requiere que se desarrollen las propuestas y mandatos que históricamente hemos venido construyendo las comunidades en innumerables proyectos de vida, siempre desconocidos e incluso criminalizados por el poder hegemónico. La paz implica hacer realidad esos cambios que exigimos hace años en miles de asambleas, demandas y movilizaciones.

 

Esta iniciativa de Congreso para la Paz es una acción política unitaria que se nutre de diversos procesos de articulación social y popular. Es un momento para provocar, tramar, y propiciar reflexiones, acuerdos, compromisos y acciones conjuntas desde lo regional y lo nacional, desde lo rural y lo urbano, entre todas y todos

 

 

Congreso Para la Paz

¡Pueblos construyendo paz para la vida digna!

Abril 20 de 2013 – Congreso para la paz – Colombia