Como colombianos tenemos el deber de apoyar y alentar a los pueblos originarios que hoy se levantan, son la memoria viva de nuestro país
La protesta social es el primero de los derechos, es el ejercicio por el cual se busca y se exige la garantía de muchos derechos más, el gobierno nacional debe brindar garantías para el ejercicio del derecho a la protesta, privilegiar el diálogo y los mecanismos de concertación
Marzo 20 de 2019
La recurrente acción de la fuerza pública en los escenarios de la movilización social ha llevado a normalizar la violenta represión estatal que se da, en la gran mayoría de los casos, por fuera de los parámetros de la ley, pareciera que cualquier método es válido para reprimir la protesta, pareciera que no existen consecuencias para estos abusos y sobre todo que si llegan a existir consecuencias recaerán sobre los de ruana.
El 16 de marzo en horas de la mañana cerca de Cajibío, los campesinos y campesinas, que se habían concentrado en una cancha de fútbol en el marco de su participación en la minga que se viene adelantando en el departamento de Cauca, fueron objeto del violento ataque del escuadrón móvil antidisturbios, antes de que terminaran de desayunar siquiera, fueron atacados con gases lacrimógenos y granadas aturdidoras, una vez los desalojaron del predio incineraron sus cosas, carpas, alimentos, pertenencias personales que no alcanzaron a ser evacuadas fueron reducidas a cenizas. El comandante del operativo dijo tener una orden, que nunca exhibió, para la restitución del predio.
En la noche del 18 de marzo una caravana de chivas, con campesinos provenientes de Suárez rumbo al Cairo, fue retenida con la excusa de una requisa, estuvieron detenidos a la intemperie al menos dos horas agotado el procedimiento, esculcado el ultimo morral y cada rincón de los vehículos, sin nada anormal que reportar, la policía nacional decide informar a los campesinos que no pueden pasar, son sospechosos y con eso basta para retenerles, es más importante la sospecha que cualquier derecho consagrado en la constitución.
El 19 de marzo, sobre la misma vía controlada por el ejército y la policía nacional, han comenzado a disparar contra la Minga, en la Agustina también les están disparando, llueven tiros sobre la Minga y sin asomo de voluntad de dialogo el gobierno persiste en un método de negociación vetusto que solo encubre la arbitrariedad; “ríndanse y comenzaremos a dialogar”. Dice el gobierno que hay disidencias de las FARC infiltradas, lo dijeron desde antes para ambientar el ataque, denuncian casos sin corroboración, sin contexto, sin verdad. Ambientan los disparos para encubrir el ánimo de matar con el que verdaderamente llegan, al final solo habrá indígenas y campesinos muertos, como en Tumaco, como en la María, como en el Salado, como siempre.
Estos son solo algunos de los hechos que se han venido presentado, el sur del país está en llamas y el presidente insiste en golpear y no dialogar, una historia de acuerdos incumplidos, la mayor concentración territorial en asesinatos de líderes sociales, el impacto especialmente grave del incumplimiento de los acuerdos de paz, motivan un alzamiento que precisa el diálogo, el llamamiento al presidente de la república fue previo al bloqueo de las vías, y no obstante la renuencia del presidente a atender los asuntos internos del país solo ha avivado el fuego escalando la violencia desde la parte estatal, ¿cuántas muertes se requieren para entablar un diálogo? Aspiramos no responder esa pregunta, del lado que fueren están en cabeza de un presidente que cree que ignorar los problemas es resolverlos.
Nos deberíamos morir en el olvido, con las barrigas hinchadas de hambre, nos deberíamos morir en la oscuridad, bien calladitos, para no molestar. Pero la urgencia del cambio, la necesidad de vivir con dignidad no conoce mucho de buenas maneras. Los azadones, arados y machetes siempre han estado lejos de las nobles cunas y sin embargo siempre los han necesitado para comer, al indígena, al campesino, a los de ruana, que sirven cuando calman el hambre, pero no cuando la padecen, los llenan de tiros antes de pensar siquiera en llenarles un plato.
Como colombianos tenemos el deber de apoyar y alentar a los pueblos originarios que hoy se levantan, son la memoria viva de nuestro país, la constancia combativa de nuestra identidad como nación, el espíritu del territorio por el que caminamos, seguir su ejemplo, velar por las garantías y manifestar nuestro apoyo con creatividad y audacia, independiente del lugar donde nos encontremos, es preciso entonces fortalecer el paro nacional para alcanzar en dignidad a los pueblos que hoy luchan, conscientes de que es la única alternativa para que sus derechos auténticamente existan, más allá del papel.
La protesta social es el primero de los derechos, es el ejercicio por el cual se busca y se exige la garantía de muchos derechos más, el gobierno nacional debe brindar garantías para el ejercicio del derecho a la protesta, privilegiar el dialogo y los mecanismos de concertación, llamamos a toda la comunidad internacional a realizar especial seguimiento frente a las vulneraciones en contra del derecho a la vida, libertad e integridad del campesinado y los pueblos originarios.
Comisión Nacional de Derechos Humanos Congreso de los Pueblos Ver Pronunciamiento]]>